Marcelo Albinati: el arte que se abre a la comunidad

Artista plástico y vecino de Puertos, encontró en el paisaje y la vida en comunidad una nueva manera de crear y compartir su obra. Hoy, su taller reúne a adultos y chicos que descubren en la pintura una forma de expresión personal.

Marcelo Albinati lleva más de cuatro décadas vinculado al mundo del arte. Su trayectoria incluye trabajos en animación, cine y publicidad, exposiciones nacionales e internacionales y proyectos que reunieron a numerosos artistas. Sin embargo, una de sus experiencias más significativas comenzó de una manera inesperada: cuando decidió trasladar su espacio de pintura al jardín de su casa en Puertos.

Lo que inicialmente fue una búsqueda de inspiración y contacto con la naturaleza terminó convirtiéndose en un lugar de encuentro con los vecinos, donde el arte empezó a generar conversaciones, vínculos y nuevas oportunidades para compartir sus conocimientos.

Una vida dedicada al arte

Aunque durante su adolescencia estudió en un colegio industrial con orientación en electrónica, Marcelo decidió seguir su vocación artística y se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.

«Lo tomé como si fuera una carrera dura. Estudié con mucho entendimiento y determinación para aprender realmente», recuerda.

En paralelo a sus estudios, trabajó realizando dibujos animados para Hanna-Barbera, el histórico estudio de animación estadounidense. También desarrolló tareas en cine y publicidad, cuando los storyboards se dibujaban artesanalmente, una experiencia que le permitió adquirir la rapidez y capacidad de resolución que todavía reconoce en su manera de trabajar.

A lo largo de su carrera tuvo su propia galería y expuso en Nueva York, Miami, Italia, Uruguay y Buenos Aires, incluyendo espacios como Malba y el Museo Fortabat. También creó y dirigió durante cuatro años Open Arts, un proyecto desarrollado en Norcenter Mall que reunió a más de cien artistas en distintas actividades y exposiciones.

Con el tiempo fue consolidando un lenguaje propio, caracterizado por la espontaneidad y la libertad expresiva.

«Fui desarrollando mi modo, en el que me siento muy libre y pleno. Como nunca, en la actualidad».

Del taller al jardín

La llegada a Puertos marcó una nueva etapa en su vida y también en su relación con la pintura.

Después de varios años viviendo en Pilar y Nordelta, Marcelo y su esposa, Verónica, decidieron instalarse en Puertos para estar cerca de sus dos hijos y sus nietos, que también viven en la ciudad.

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En ese entorno, rodeado de naturaleza y espacios abiertos, comenzó a experimentar una transformación en su manera de crear.

Hasta entonces pintaba en un taller ubicado en la planta alta de su casa. Un día decidió trasladar su trabajo al jardín, buscando cambiar de ambiente y disfrutar del aire libre.

«Me resultó hermoso pintar a cualquier hora, hasta de noche, con el silencio y la luna», cuenta.

Pero lo que más lo sorprendió fue el intercambio espontáneo que comenzó a generarse con quienes pasaban frente a su casa.

Los vecinos se detenían a mirar, comentaban sus obras y compartían impresiones. Aquellas conversaciones fueron convirtiendo un espacio de trabajo individual en un lugar abierto al encuentro.

«Tenés para quién pintar, tenés una mirada simple y clara, que además te permite compartir pensamientos y valorar este espacio a partir de los comentarios que hacen al pasar».

Marcelo destaca especialmente la relación entre la arquitectura, el paisaje y el arte que encuentra en Puertos. Los espacios verdes, los atardeceres, las obras del programa de arte público y la presencia de Malba Puertos forman parte de un entorno que considera inspirador.

«Hay una comunicación visual que propone todo el emprendimiento, que te lleva a rescatar la belleza en sí misma», afirma.

Lo que comenzó como una decisión personal terminó abriendo una nueva manera de relacionarse con la comunidad.

Enseñar a pintar, enseñar a mirar

Además de desarrollar su propia obra, Marcelo dedica buena parte de su tiempo a la enseñanza.

Su taller recibe alumnos de Puertos y de otras localidades, como Pilar, San Isidro y Vicente López. Allí propone una metodología que combina los conocimientos de los grandes maestros con una aproximación libre, práctica y personal a la pintura.

Su objetivo es que cada persona pueda desarrollar su creatividad sin quedar condicionada por métodos rígidos o por la necesidad de alcanzar resultados predeterminados.

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«El planteo es: qué querés pintar, y yo te doy las leyes del arte para que las apliques y resuelvas con tu creatividad, de un modo disfrutable».

En sus clases conviven personas que nunca habían pintado con otras que cuentan con experiencias previas. También participan alumnos de distintas edades, algunos mayores de 80 años, que se animan a trabajar en obras de grandes dimensiones.

Para Marcelo, el aprendizaje artístico no debería ser un proceso reservado a unos pocos ni necesariamente extenso. Considera que, con las herramientas adecuadas, cualquier persona puede descubrir capacidades que desconocía.

Pero su propuesta va más allá de enseñar a pintar.

Los talleres también se convierten en espacios de intercambio, donde las experiencias personales y los conocimientos de cada participante enriquecen el proceso creativo.

«Hay muchas personas muy capacitadas y de mucha riqueza personal, producto de las experiencias de su vida. Es algo que noto como muy particular y lo vivo en el espacio donde estoy».

«Valoro más al arte por lo que produjo en mi vida que por la pintura en sí misma».
Esa reflexión resume su manera de entender la creación artística: no solo como una actividad estética, sino como una herramienta para ampliar la mirada, tomar decisiones y desarrollar una forma más libre de relacionarse con el mundo.

«En un cuadro están todos los conflictos, decisiones, contrastes, vibraciones, energías. Quizás el modelo de arte te lleva a un modelo de vida donde estás continuamente en una acción creativa».

Pequeños artistas, grandes descubrimientos

El intercambio cotidiano con los vecinos también dio origen a una experiencia que Marcelo nunca había imaginado: comenzar a enseñar pintura a los chicos.

Las preguntas y la curiosidad de los niños que se acercaban a su taller lo impulsaron a crear un espacio especialmente pensado para ellos.

«Nunca lo había hecho y creo que aprendo más yo que ellos», reconoce.

Su propuesta parte de una idea sencilla: permitir que cada chico elija qué quiere pintar y acompañarlo con las herramientas necesarias para llevar adelante su proyecto.

Así, en una misma clase pueden convivir paisajes, animales, composiciones abstractas y personajes imaginarios. Cada participante desarrolla su obra a partir de sus propios intereses, mientras Marcelo adapta la enseñanza a las necesidades de cada uno.

«Los llamo pequeños artistas, porque los dejo libres para que cada uno haga lo que le gusta pintar».

En este espacio también participa Emily, su nieta mayor, que comparte las clases con sus amigas. Para Marcelo, escucharla llamarlo «abuelo» mientras los demás chicos le dicen «profe» es una de las experiencias más entrañables de esta etapa.

La presencia de sus nietos también influyó en su manera de enseñar.

«Pensamos como padres y sentimos como abuelos», explica, al describir una propuesta que combina el aprendizaje con la sensibilidad, la confianza y el estímulo permanente.

Su intención es que los chicos se sientan protagonistas de sus creaciones y puedan conservar esa libertad expresiva que, según observa, muchas veces se pierde con el paso de los años.

Una nueva etapa, cerca de la familia

La decisión de mudarse a Puertos estuvo inicialmente vinculada con un deseo familiar.

Marcelo y Verónica llevan 38 años juntos. Ella también es artista y profesora nacional de cerámica, aunque con el tiempo desarrolló una destacada trayectoria deportiva: se convirtió en campeona nacional de pole sport y alcanzó el quinto puesto en un campeonato mundial de la disciplina.

Sus hijos, Florencia y Fabricio, ya vivían en Puertos cuando decidieron instalarse allí. La posibilidad de compartir más tiempo con ellos y sus nietos fue el principal motivo de la mudanza.

En aquel momento, Marcelo atravesaba una pausa en su actividad artística. Había pasado varios años sin pintar, interesado en explorar otras experiencias y dedicar más tiempo a su familia.

La llegada a Puertos, sin embargo, terminó despertando nuevamente su vocación.

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El paisaje, los vínculos cotidianos y las nuevas amistades fueron construyendo un entorno que lo impulsó a retomar la pintura y, especialmente, a compartirla.

«Desde que llegué he generado muchas amistades. Hay una interrelación con diferentes profesiones donde son muy nutritivos los vínculos y la comunicación que se generan».

Hoy disfruta tanto de sus actividades artísticas como de los momentos más simples de la vida familiar: buscar a sus nietos en el colegio, caminar por Puertos o compartir tiempo con amigos.

Y encuentra en el entorno natural una fuente permanente de inspiración.

«Este cielo es una cúpula enorme, que uno disfruta y que brinda unos atardeceres increíbles. Salís a caminar y está el Malba con toda esa costa y esa hermosa vegetación. Es visualmente muy inspirador».

El arte como punto de encuentro

La historia de Marcelo Albinati muestra cómo una pasión individual puede transformarse en una experiencia compartida.

Su decisión de abrir el taller al jardín permitió que el arte trascendiera los límites de su casa y comenzara a formar parte de la vida cotidiana de otros vecinos. Lo que empezó con algunas conversaciones espontáneas hoy reúne a adultos y chicos alrededor de la pintura, el aprendizaje y la creatividad.

En Puertos, donde la naturaleza, el arte y los espacios de encuentro forman parte de la propuesta urbana, historias como la de Marcelo adquieren un significado especial.

Porque una comunidad también se construye a partir de las iniciativas de quienes la habitan: personas que comparten sus intereses, generan vínculos y encuentran nuevas maneras de participar en la vida del lugar.

Marcelo lo resume desde su propia experiencia:

«El arte es algo transversal, nos une a todos».

Y quizás esa sea la mejor manera de describir lo que sucede en su taller: un espacio donde la pintura es el punto de partida para encontrarse, aprender y descubrir nuevas formas de mirar el mundo.

Pueden ver más de su obra en https://albinatiart.com/
Y conocer más detalles de las actividades que realiza en Puertos en su Instagram @albinati_art   

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