La Reserva de Puertos, un aula abierta para las escuelas de la zona

Durante el último año, cerca de mil alumnos de 25 escuelas y colegios recorrieron la Reserva de Puertos junto con su equipo de guías. Entre preguntas, avistajes y algún que otro dinosaurio imaginario, las visitas acercan a los chicos a la flora, la fauna y los ecosistemas del Delta bonaerense.

Algunos llegan esperando encontrar ciervos, aves o mariposas. Otros preguntan si en la Reserva todavía hay dinosaurios. Cada grupo trae sus propias ideas, intereses y preguntas, y eso hace que ninguna visita sea igual a otra.

Durante el último año, cerca de mil alumnos de 25 escuelas y colegios de la zona recorrieron la Reserva de Puertos. Acompañados por guardaparques y especialistas, pudieron observar la flora y la fauna local, comprender cómo funcionan los ecosistemas y acercarse al patrimonio natural del Delta bonaerense.

Desde hace cuatro años, Andrei Chtcherbine es el guardaparque encargado de la Reserva y lidera el equipo que recibe a los grupos escolares. Para él, una de las mayores riquezas de estos encuentros está justamente en lo inesperado: en las preguntas de los chicos, en los animales que aparecen durante el recorrido y en las historias que permite contar cada visita.

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Durante el último año, cerca de mil alumnos de 25 instituciones educativas recorrieron la Reserva de Puertos.

Cada visita empieza con una pregunta

Las recorridas con alumnos de distintas edades revelan especialmente su curiosidad por los animales que pueden encontrar en el área.

“Muchas veces, los chicos llegan creyendo que van a encontrarse con cualquier especie, incluso dinosaurios”, cuenta Andrei.

Aunque no haya criaturas prehistóricas, la Reserva también puede sorprender a sus visitantes. Allí se avistaron especies de gran importancia, como el ciervo de los pantanos, los lobitos de río y la mariposa Bandera Argentina.

“Muchas veces, los chicos llegan creyendo que van a encontrarse con cualquier especie, incluso dinosaurios.”

Cada recorrido ofrece una experiencia diferente: los animales que se dejan ver, las preguntas de los estudiantes y los cambios propios del paisaje hacen que la visita no pueda repetirse de la misma manera.

Un recorrido diferente para cada escuela

Las recorridas se adaptan a las necesidades, los intereses y el tiempo disponible de cada establecimiento. El equipo recomienda una duración de aproximadamente dos horas, ya que permite conocer los principales atractivos de la Reserva y desarrollar los contenidos con mayor profundidad.

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“Dependiendo de la orientación de la escuela que nos visite, solemos enfocarnos en diferentes aspectos, como naturaleza, arte o turismo”, explica Andrei.

También se realizan visitas en inglés para estudiantes de intercambio, grupos extranjeros y escuelas bilingües que aprovechan la experiencia para practicar el idioma en un entorno diferente. Algunas instituciones, además, combinan el recorrido por la Reserva con una visita a Malba Puertos.

Un equipo con muchas formas de mirar la naturaleza

La posibilidad de adaptar las visitas también se apoya en la diversidad de perfiles del equipo que acompaña a los alumnos.

Melina Petry es guía, licenciada en Gestión Ambiental y docente; Ayelén Ilincheta es guía, bióloga, docente y rehabilitadora de fauna silvestre en Temaikèn; y Luciana Cristaldo es guía, guardaparque y brigadista del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos.

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“Cada guía brinda su impronta. Tenemos perfiles más orientados a ayudar a descubrir la biodiversidad local; otros, a la crisis climática y a la importancia de las reservas para mitigar su impacto; y otros, a concientizar sobre la necesidad de no ser partícipes del tráfico ilegal de especies silvestres”, señala Andrei.

“Cada guía brinda su impronta y nunca una visita es igual a otra.”

Aunque todas las visitas abordan temas centrales, como las plantas nativas, la fauna y el cuidado del ambiente, los contenidos se enriquecen con la formación y la experiencia de cada integrante del equipo.

Una Reserva que sigue revelando su potencial

Los recorridos escolares también son el resultado de un trabajo sostenido de conservación y conocimiento del área.

“A lo largo de estos años fui conociendo el potencial de la Reserva. He podido ver especies que no imaginaba que podría encontrar en esta zona”, cuenta Andrei.

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En la Reserva se avistaron especies como el ciervo de los pantanos, los lobitos de río y la mariposa Bandera Argentina.

La mejora de la infraestructura y el trabajo desarrollado por el equipo permitieron ampliar la propuesta y ofrecer una experiencia educativa cada vez más variada.

Para el guardaparque, el valor de la Reserva está también en su cercanía: permite que los estudiantes se aproximen de manera concreta al mundo natural sin necesidad de alejarse de la ciudad.

Aprender caminando, observando y preguntando

La experiencia no propone una clase con respuestas cerradas. Invita a caminar, observar, escuchar y dejarse sorprender por un paisaje que cambia con las estaciones y con cada recorrido.

Para Andrei y el equipo de guías, cada visita representa una oportunidad para despertar nuevas preguntas y acercar a los chicos al ambiente que los rodea. La Reserva de Puertos se convierte así en un espacio donde la educación sucede en contacto directo con la naturaleza y donde incluso una pregunta sobre dinosaurios puede ser el comienzo de un nuevo aprendizaje.

“He podido ver especies que no imaginaba que podría encontrar en esta zona.”

Visitas para instituciones educativas

Las visitas guiadas permiten que cada escuela diseñe una experiencia acorde con la edad, la orientación y los intereses de sus alumnos. Muy cerca de la ciudad, la Reserva de Puertos ofrece una oportunidad para conocer la biodiversidad del Delta, comprender la importancia de conservarla y descubrir que la naturaleza siempre puede guardar alguna sorpresa.

Para Puertos, la Reserva ocupa un lugar fundamental dentro del proyecto. Desde sus inicios, su puesta en valor y conservación representaron uno de los grandes desafíos del desarrollo: proteger un ambiente natural valioso y, al mismo tiempo, integrarlo a la vida de la comunidad. Ver cómo hoy este espacio crece, mejora su infraestructura y recibe a cada vez más estudiantes es motivo de orgullo. También confirma que preservar no significa mantener aislado, sino generar conocimiento, conciencia y nuevas formas de relacionarnos con el paisaje que nos rodea.

Las instituciones interesadas pueden coordinar su visita con el equipo de la Reserva escribiendo a reserva@puertos.com.ar.

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